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 “La valoración de la prueba y la importancia del testigo técnico”

"El que puede cambiar sus pensamientos, puede cambiar su destino".
Stephen Crane.

Por Laura Ayelén Scherma

 

SUMARIO: I. Introducción. II. Prueba testimonial. Concepto. III. El testigo técnico o calificado. Concepto. IV. Apreciación de la prueba. V. Diferencias entre el testigo técnico y el perito. VI. Sentencia y apreciación de la prueba. VII. Reflexiones finales.

I. Introducción

De todas las pruebas, la testimonial y la confesional son las más antiguas. Durante siglos, se consideró al testimonio como la prueba principal para administrar justicia, de allí el proverbio francés: temoins passent letres (testigos priman sobre escritos). Posteriormente, a medida que el uso del documento se fue generalizando, especialmente a partir del movimiento codificador generado por la Revolución Francesa en el siglo XIX, se fue restringiendo la aceptación del testimonio para los asuntos de mayor importancia1 . Sin embargo, creemos que sometida a una crítica cuidadosa, en la actualidad mantiene su fuerza, en especial la figura del “testigo técnico”, que puede ser de gran valor para la ponderación de ciertos hechos.
Por otra parte, es sabido que tanto los abogados, en la formulación de sus planteos, como los jueces al dictar sentencia se valen del uso de la lengua. A través de ella “hacen” cosas, aunque esa actividad, muchas veces, resulte para los propios hablantes inadvertida.
Por eso, y aunque la sentencia judicial es presentada como un silogismo lógico formal, trataremos de presentar los esquemas argumentativos que pueden subyacer en la decisión de un Juez.
Este trabajo intenta estudiar las peculiaridades del testigo técnico o calificado, y en particular, el mecanismo que realiza el juez para valorar su declaración al momento de la sentencia.


1. Devis Echandía Hernando, “Teoría General de la Prueba Judicial”, T. II, Zabalía, Bs. As., 1976, p. 23/24.

 

II. Prueba testimonial. Concepto.

La prueba testimonial es un medio de prueba que se adquiere a través de la declaración de una persona humana, hábil y ajena a la relación procesal, que proporciona al órgano jurisdiccional una narración acerca de un hecho, o una serie de hechos que han sido percibidos por medio de sus sentidos o realizados por ella2 y son relevantes para resolver el conflicto. Esta persona que presta testimonio, recibe procesalmente el nombre de testigo.
La ley prevé la regulación mediante la cual se establecen los mecanismos de procedencia, exclusión, ofrecimiento, habilidad, oposiciones, forma del examen, de las preguntas y las respuestas, caducidad, idoneidad, etc..


2. Seguimos la distinción que realizan Kielmanovich Jorge L., “Código Procesal Civil y Comercial de la Nación. Comentado y anotado”, T. I, 2ª ed. ampliada, Abeledo-Perrot, Buenos Aires, 2005, p. 725; Carnelutti Francesco, “La prueba civil”, Depalma, 2ª ed., Bs.As., 2000, p. 122.

 

III. Testigo técnico

Si bien el Código Procesal Civil y Comercial de la Nación no contempla expresamente la figura del testigo técnico, la mayoría de los autores distinguen el testimonio “común” del testimonio “técnico” y coinciden en que se refiere a él en el art. 443 cuando señala que “las respuestas no podrán contener referencias de carácter técnico, salvo si fueren dirigidas a personas especializadas”. Consideramos que la estructura del testimonio es la misma, pero se distinguen por cuanto el testigo técnico relata hechos que ha percibido en forma directa y personal y de los cuales extrae conclusiones en virtud de sus conocimientos especializados3 . Es decir, que lejos de desvirtuar su naturaleza le otorga un mejor fundamento a su valor probatorio.
Alsina enseña que el juicio lógico del testigo puede fundarse en conocimientos comunes o técnicos. En el primer caso, sus observaciones sólo sirven para valorar su testimonio, en cuanto permitirá al juez apreciar al mérito de sus deducciones; de aquí que los juicios técnicos no tengan ninguna eficacia cuando se funden en conocimientos comunes. Pero si el testigo, por razón de su profesión, tiene conocimientos especiales de la materia, sus observaciones constituyen para el juez elementos de juicio de singular importancia y sus deducciones lógicas deben ser tenidas en cuenta para la apreciación de los hechos4 .

Coincidentemente Jauchen postula que el testigo técnico es aquella persona que toma conocimiento de un hecho o cosa en ocasión de estar ejerciendo su profesión, o bien aún cuando no la esté desempeñando, el hecho o cosa se refiere a su especialidad técnica o científica, de modo que en ambos supuestos el testigo puede no sólo señalar, sino también adicionarle sus conceptos personales sobre los extremos técnicos o científicos referidos por aquél5.
Por su parte, la jurisprudencia también ha resaltado la declaración del testigo técnico expresando que el testimonio de un médico que atendió al paciente y estuvo relacionado con las cuestiones debatidas en el expediente –en el caso la actora demanda la reparación del daño causado por el nacimiento de un feto muerto- adquiere la calidad de testimonio técnico cuando no sólo es interrogado sobre hechos acaecidos y que percibió sino también sobre ciertas cuestiones que hacen específicamente a la ciencia médica6.

Asimismo se ha indicado que la característica del testigo es que su percepción es espontánea y el interés procesal sobre ella es sobreviniente a su producción. Pero a veces, el testimonio puede tener un plus, como sucede cuando los alcances de la percepción o su significación se han hecho inteligibles para el testigo en virtud de los especiales conocimientos que tiene. Es el caso del testigo calificado por su conocimiento o testigo perito. Sin embargo no corresponde confundirlo con el perito propiamente dicho, pues el conocimiento que éste adquiere y sus juicios o conclusiones son provocados por orden judicial y en virtud de un interés procesal preexistente al encargo pericial7. Más adelante desarrollaremos las diferencias entre la prueba testimonial y la pericial y el concepto “testigo perito”.


3. Kielmanovich Jorge L., “Código Procesal Civil y Comercial de la Nación, comentado y anotado”, ob. cit. p. 726 y en el mismo sentido se expresa en “El testigo técnico”, JA, 1993-IV-742, p. 744.
4. Alsina Hugo, “Tratado teórico práctico de derecho procesal civil y comercial”, T. III, segunda edición, Buenos Aires, 1961, p. 535.
5. Jauchen, “La prueba”, p. 110 cit. por Falcón Enrique M., “Código Procesal Civil y Comercial de la Nación. Comentado-concordado-anotado”, T. V, Abeledo Perrot, 2010, p. 255.
6. C.Apel.Civ.Com.Trab. y Fam., Bell Ville, 20/04/01, LLC, 2002-237 cit. por Highton Elena I. y Aréan Beatríz A. (dirs), “Código Procesal Civil y Comercial de la Nación. Concordado con los códigos provinciales. Análisis doctrinal y jurisprudencial”, T. 8, Hammurabi, 1ª ed., Buenos Aires, 2007, p. 377.
7. Cam.Crim. 2ª Nom. Catamarca, 27/2/98, LL, 1998_D-891, LLNOA, 1998-944, LLC, 1998-918 cit. por Highton Elena I. y Aréan Beatríz A. (dirección), “Código Procesal Civil y Comercial de la Nación. Concordado con los códigos provinciales. Análisis doctrinal y jurisprudencial”, ob. cit., p. 377/378.

 

IV. El testimonio del testigo técnico prevalece sobre testigo común

El testimonio de un testigo calificado, constituye para el juez un elemento de singular importancia pues tiene base técnica. Así, se ha dicho que la fuerza de convicción del dicho se robustece si el testigo, por su profesión, ha podido tomar un cabal conocimiento sobre el cual declara8.
Describimos algunos supuestos que representan lo expuesto: No es lo mismo que una persona diga que como consecuencia del accidente la víctima sufrió determinadas lesiones y un gran shock, que quien lo diga sea un médico que presenció el hecho, asistió a la víctima y pueda dar detalles de la lesión9.
Igualmente, un arquitecto puede ofrecer testimonio con precisión acerca de si una edificación presentaba, en una fecha determinada, detalles que implicaban vicios de construcción, una inminencia de derrumbamiento, humedad en las paredes y techos, por haberlos observado gracias a sus especiales conocimientos técnicos sobre la materia.
En este orden de ideas, la jurisprudencia ha señalado que el valor probatorio del testimonio técnico puede asumir importancia e incluso prevalecer sobre el testimonio común, en tanto la capacitación técnica del testigo lo habilita para describir con mayor precisión los hechos de que se trate10.
Del mismo modo, se sostuvo que si un testigo único, común, es susceptible de producir prueba suficiente, cómo no lo ha de ser un testigo calificado, como un escribano público, actuando dentro del marco legal y que es un depositario de la fe pública11.
Además se ha dicho que “aunque carece de plena fe la declaración del funcionario público actuante en la constatación de una infracción a las ordenanzas municipales, se efectúa en carácter de testigo calificado, por lo que puede ser considerada por el juez como plena prueba si no es enervada por otras probanzas de contrario12.

Siguiendo este razonamiento, Fassi y Maurino postulan que si se trata de deponer en un juicio de nulidad de testamento sobre la alienación mental del testador, será preferido el testigo médico, y sobre todo, médico psiquiatra, para declarar sobre los hechos que hacen al estado mental de aquél13. Aunque se ha dicho que la prueba se debilita si los testigos médicos discrepan entre sí acerca de la aparición y naturaleza de la perturbación mental y no concuerdan con las demás probanzas de autos14.
Argumenta Enrique Falcón que cuando el testigo técnico realiza alguna investigación o algún acto de comprobación (como p. ej. el médico que encuentra en la calle una persona y determina que estaba muerta en ese momento), sus dichos adquieren especial relevancia. Aclarando que, para considerarlo testigo técnico, no basta con que haya declarado la profesión que tiene, sino que debe estar demostrada en juicio15. No coincidimos con esto último, pues el testigo siempre declara bajo promesa o juramento de decir verdad. Sólo en los casos en los cuales su profesión fuese impugnada, sería necesario acreditar en debida forma su profesión.


8. Fassi Santiago C. y Maurino Alberto L., “Código Procesal, Civil y Comercial. Comentado, anotado y concordado”, T. III, edición actualizada y ampliada, Ed. Astrea, CABA, 2002 , p. 648.
9. “El testigo médico que estuvo presente en la intervención quirúrgica que se discute en el proceso, cuya declaración podrá por ello contener juicios técnicos, relativos a si la misma se realizó de acuerdo con las reglas del arte y ciencia. En cambio, este testimonio no procedería si el médico no estuvo presente en la operación” , Kielmanovich Jorge, “El testigo técnico”, ob. cit. p. 743.
10. Cámara 3ª de Apelaciones en lo Civil, Comercial, Minas, de Paz y Tributaria de Mendoza, “Arancibia Hernán Fernando c/ Coop. de Vivienda y Consumo 12 de Junio Limitada”, 07/07/2008, LLGran Cuyo, AR/JUR/4513/2008 y Cam. Civ y Com. Bell Ville, 30/9/1986, LLC, 1988-297.
11. Cámara de Apelaciones en lo Laboral de Rosario, sala II, Miniot Anatole c/ Empresa Central Casilda, S.A., 13/03/1978, AR/JUR/4898/1978.
12. CNCiv., Sala D, “Leonetti c/ Municipalidad de Buenos Aires”, 29/06/1990, LaLey 1991-A, 362. DJ 1991-1, 703.
13. Fassi Santiago y Maurino Alberto, “Código Procesal, Civil y Comercial. Comentado, anotado y concordado”, ob. cit., p. 621.
14. CNCiv, Sala B, 22/2/62, LL, 106-513 cit. por Fassi Santiago y Maurino Alberto, “Código Procesal, Civil y Comercial. Comentado, anotado y concordado”, ob. cit. p. 682.
15. Falcón Enrique M., “Tratado de la prueba. Civil, Comercial, Penal, Administrativa”, T. II, Ed. Astrea, p. 253.

 

V. Diferencias entre el testigo técnico y el perito

Al parecer, no existen dudas acerca del paralelismo entre la prueba pericial y la prueba testimonial -cuando el testigo, por razón de su oficio o profesión tiene conocimientos especiales en determinada materia-, pues ambos son terceros “técnicamente idóneos” que comunican al juez noticias que han de componer la prueba y pueden ser fuente de convicción en tanto ayudan a conocer y comprobar los hechos sobre los que versa la controversia16. Pero no hay que confundir dichos conceptos.
Para establecer la distinción entre el testigo técnico y el perito hay que atender principalmente a la función de los mismos. El testigo tiene en el proceso una función pasiva, mientras que el perito tiene una función activa; el testigo es examinado, mientras que el perito examina. Es decir que el testigo debe declarar sobre un hecho concreto que él particularmente conoce por alguna circunstancia17 fuera del proceso e independientemente de todo encargo del juez, es decir que ha apreciado el hecho por sus sentidos, a los que puede sumar sus conocimientos técnicos, por eso, el testigo es irremplazable. Además, tiene obligación de declarar con carácter de carga pública, pero no de exponer el hecho técnicamente. Otro rasgo distintivo es que no percibe honorario alguno. 

Por el contrario, el perito actúa de forma imparcial por encargo del juez como auxiliar de la justicia y contribuye con su saber, ciencia y conciencia a esclarecer aquellos puntos que requieren conocimientos técnicos especiales, pero que puedan ser de conocimiento de cualquier persona de la misma profesión, por ello es recusable. Tiene que tomar objetos definidamente fijados y estimar hacia atrás la evolución18, aplica su ciencia, emite un dictamen por esta función y percibe honorarios por la tarea encomendada.
Carnelutti, por su parte, acepta el testimonio técnico y señala que existe fungibilidad entre el testimonio y la pericia en razón de que para conocer un hecho técnico, el juez puede servirse de un testigo que lo ha deducido ya o bien de un perito para que lo deduzca. Para él, la distinción entre perito y testigo técnico no se funda en la cualidad del hecho representado y, por tanto en la experiencia técnica de la persona que lo representa, sino en la existencia o no de un encargo para la percepción o la deducción y siguiendo a Hegler pone el ejemplo del historiador o el geógrafo que actúan como testigos al exponer al juez un hecho que conocen por sus investigaciones científicas, sin que hubieran recibido de éste el encargo procesal para hacerlo. Entiende que en cambio, si hubiesen recibido dicho encargo del juez, actuarían como peritos19.
Dada la diferenciación referida entre perito y testigo técnico, creemos que no habría ningún obstáculo procesal para que ambas pruebas se produzcan dentro de un mismo proceso. En estos casos, la jurisprudencia al valorar ambas pruebas ha afirmado que no pueden prevalecer los dichos de un testigo, aunque sea profesional, por sobre varias determinaciones periciales coincidentes, especialmente cuando la conclusión del cuerpo médico forense es concreta al respecto y contradice lo declarado por el testigo20. Además, que la prevalencia del perito se asienta en la imparcialidad de éste respecto de algunos testigos relacionados con las partes21. En este mismo sentido, la CSJN estableció que ante la duda, debe estarse por la eficacia de la prueba pericial por la imparcialidad propia del perito22.

Respecto a la idoneidad de la prueba, se ha observado que cuando la ley establece, una forma más idónea para la demostración de un hecho –en el caso, la pericial-, los demás medios probatorios no sólo deben ser juzgados con estrictez, sino desechados a los fines propuestos23. Frente a esta posición, se puede argumentar, en primer lugar, que el testimonio técnico en muchas ocasiones es conveniente o indispensable para la apreciación de los hechos, sin necesidad de recurrir al dictamen de peritos, como por ejemplo, las causas de muerte de una persona que fueron conocidas por observación directa de un médico, o la clase de enfermedad que padeció. Esto no significa descartar la prueba pericial por la del testigo técnico, sino que la admisión del testigo técnico debe guiarse por el criterio de circunscribirlo a la narración de los hechos percibidos y a las deducciones técnicas que de éstos haga el testigo, sin extenderse a los juicios de valor, que exceden los límites del juicio sobre sus percepciones24. En segundo lugar, y no menos importante, consideramos que sería interesante poder relacionar ambas pruebas, una vez producidas, en una audiencia ante el juez, a la que concurran tanto los testigos técnicos como el perito, o incluso en una “audiencia de vista de causa”25.


16. Eisner Isidoro, “El valor probatorio del testimonio” en Augusto M. Morello (coordinador), “La prueba.” -Libro en memoria del Profesor Santiago Sentís Melendo–, librería editora platense S.R.L., La Plata, 1996, p. 175.
17. Arazi Roland y Rojas Jorge, “Código Procesal Civil y Comercial de la Nación, comentado, anotado y concordado con los códigos provinciales”, T. II, Rubinzal-Culzoni, Bs. As., 2001, p. 429.
18. Según Planiol, “el testimonio es la reconstrucción del pasado, de un acto o de un hecho que ya tuvo lugar; los testigos suministran recuerdos. La pericia, por el contrario, considera los hechos presentes” cit. por Carnelutti Francesco, “La prueba civil”, ob. cit., nota al pie p. 122.
19. Carnelutti Francesco, “La prueba civil”, ob. cit., p. 126, 145/146 y nota al pie p. 127.
20. C.Nac.Civ., sala F, 5/2/1998, JA 1999-II-620 cit. por Falcón Enrique, “Código Procesal Civil y Comercial”, ob. cit. p. 256.
21. C.Nac. Civ., sala A, 26/04/2000, LL 2000-F-983, sum. 43219 cit. por Falcón Enrique, “Código Procesal Civil y Comercial”, ob. cit. p. 256.
22. CSJN, 27/06/2000, “Warnes, Ana M. v. Anses”, DT, 2001-A-864, con nota de Amanda Lucía Pawlowski de Pose cit. por Kielmanovich Jorge L., “Código Procesal Civil y Comercial de la Nación. Comentado y anotado”, ob. cit. p. 728.
23. CNCiv., sala F, 13/08/1982, Villar, Daniel c/ Louge de Chihirigaren, Sara y otros, La Ley 1982-D, 249; La Ley Online:AR/JUR/1825/1982, CNFed.Civ. y Com., sala I, 28/08/1997, Derviche, Alfredo y otro c/ Obra Social de la Actividad Minera, La Ley 1998-A, 231 LLC 1999 LLC 1999-929- DJ 1998-1, 1066; La Ley Online: AR/JUR/2862/1997) cit. por Ledesma Ángela (directora), “Tratado Jurisprudencial y doctrinario- Derecho Procesal Civil”, ob. cit., p. 335.
24. Devis Echandía Hernando, “Teoría General de la Prueba Judicial”, ob. cit., p. 73, siguiendo la postura de Scardaccione.
25. La audiencia de vista de causa es una audiencia en la cual se produce la prueba de forma oral -declaración de partes, testigos, aclaraciones de peritos y alegatos-.

 

VI. Sentencia y apreciación de la prueba

En cuanto a la apreciación del testimonio, conforme lo dispuesto por el art. 456 del Código Procesal, se debe efectuar al momento de dictar sentencia definitiva, tomando en cuenta las circunstancias y motivos que corroboren o disminuyan la fuerza de las declaraciones según las reglas de la sana crítica –comprendidas en el art. 477-. En cuanto al testimonio del testigo técnico, además podrían ser aplicables las directivas que contiene el art. 476 en materia de prueba pericial .
Piero Calamandrei sostuvo que el trabajo de valoración del testimonio es lo más delicado y lo más difícil que se puede pedir al juez en el proceso, destacó que el juez debe, para llegar a resultados satisfactorios, comenzar a estudiar y a medir el instrumento de percepción que es el testigo, para deducir cuál es el valor que ha de atribuir a sus afirmaciones; debe intentar rehacer el camino lógico a través del cual el testigo puede haber llegado a la conclusión que ha referido .
Consideramos que deben ser tomados con mayor consideración los dichos de un testigo cuando declare acerca de hechos que conoce en virtud de su capacidad técnica específica, que los dichos de un neófito. Ello, siempre con la peculiaridad de que el testigo no sea preconstituido, es decir, haya acudido al lugar de los hechos a presenciar el resultado o los vestigios aprovechando su calidad de técnico para luego constituirse en testigo, pues en tal supuesto pensamos que perdería fuerza su declaración.
En otro sentido, el juez no puede dejar de juzgar una prueba basado simplemente en sus conocimientos técnicos, cualquiera sean; tampoco puede desestimar su producción porque conoce cuál será su resultado, pues, además de la limitación impuesta por el principio de dispositivo , siempre debe argumentar su decisión.
A pesar de ello, es importante destacar que la apreciación que el juez realiza al fallar, siempre es subjetiva, de la que no pueden escapar sus conocimientos, cultura, moral, creencias, intuición, sensación y el contexto del proceso.
El juez no busca averiguar la verdad, sino que somete a un sistema de contralor las proposiciones formuladas por las partes en los escritos constitutivos. La verdad depende 

de la justificación que se haga de la afirmación que se postula como verdadera. Los hechos se construyen, el juez no los conoce directamente, sino que los interpreta. No hay un solo modo de apreciar la realidad, cada observador la ve de una forma distinta. El proceso es un acto de certeza, no de verdad, y de certeza jurídica, no fáctica.
Tradicionalmente la doctrina procesal explica la sentencia definitiva del proceso (la que pone fin al conflicto planteado por las partes) a través de la teoría de la subsunción jurídica. El juez, luego de exponer sucintamente la postura de las partes, procede a valorar la prueba producida utilizando su “sana crítica”. Una vez que los hechos están determinados realiza la llamada “subsunción jurídica” partiendo de una norma jurídica, que opera como premisa mayor, que es “aplicada” a los hechos ya fijados. La conclusión a la que arriba no es otra cosa que el resultado de esa tarea de subsunción. Esta explicación, formal niega que la sentencia sea el producto de un discurso en el que está presente la subjetividad de quien lo enuncia: el Juez. Al decir esto no queremos negar la importancia de la lógica formal en el ámbito del discurso jurídico, pero sí señalar que, usualmente, es invocada para clausurar cualquier cuestión interpretativa. La argumentación, especialmente la que se da en el ámbito jurídico, no puede quedar reducida a lo verdadero o lo falso.
Ello no implica arbitrariedad, pues es inadmisible que el juez alegue o sustente un criterio en la sentencia fundándolo en su experiencia personal o que arguya un convencimiento de la prueba alegando máxima de experiencia sin expresión ni sustentación. El juez debe fallar teniendo en consideración los hechos que tuvo por probados, y al hacerlo debería explicar cuáles son los criterios utilizados y dar motivos de sus fundamentos y de las decisiones adoptadas, indicando qué lo ha llevado a tener por sucedido un hecho. Así, todos sus conocimientos le servirán para efectuar esa valoración de la prueba producida.


26. Prieto Castro, “Derecho Procesal Civil”, T. I, Ed. Revista de Derecho Privado, Madrid, 1964, p. 457 cit. por Palacio Lino Enrique, “Derecho Procesal Civil”, T. IV., Abeledo Perrot, Bs. As., 2011, p. 450; CCiv.Com.Lab. y Min. Río Gallegos, sala 1ª, 29/05/1987, JA, 1989-I-907 cit. por Colombo Carlos y Kiper Claudio, “Código Procesal Civil y Comercial de la Nación”, anotado y comentado, T. IV, 2° ed. reimp, La Ley, Bs. As., 2006, p. 381.
27. Calamandrei Piero, “Estudios sobre el proceso civil”, Ed. Bibliográfica Argentina, Bs. As., 1961, p. 193.
28. “Llámase principio dispositivo a aquél en cuya virtud se confía a la actividad de las partes tanto el estímulo de la función judicial como la aportación de los materiales sobre los cuales ha de versar la decisión del juez”, Palacio, Lino Enrique, “Manual de derecho procesal civil”, AbeledoPerrot, Bs. As., 2010, p. 52.

IX. Reflexiones finales

A partir del análisis propuesto, cabría al menos interrogarnos lo siguiente: si el dictamen pericial carece de fundamentación y, en cambio, el testigo es un reconocido especialista en su área, ¿sería válido rechazar el testimonio y basar la sentencia solamente en las opiniones del perito?. Al considerar las diferencias entre prueba testimonial y prueba pericial, vimos que la prueba testimonial no es hábil cuando la versión de la parte referente a un hecho es susceptible de ser acreditada mediante prueba más idónea –en este caso, la prueba pericial-, sin embargo, ésta solución nos parece insuficiente.
Consideramos que otorgarle validez al testimonio en los casos en que además de haber percibido los hechos, el testigo puede realizar observaciones relevantes para el caso por sus conocimientos profesionales, no significa desvirtuar la prueba testimonial y perder de vista la idoneidad de la prueba pericial, sino todo lo contrario. En estos supuestos, creemos que ambas pruebas deberían ser analizadas en su conjunto, exigiendo un mayor esfuerzo de la pericia por responder con fundamentos “confiables” a la luz de la aceptación en cada campo.
Pensamos que una buena propuesta ante la contradicción entre la prueba testimonial rendida por personas especializadas y la prueba pericial, sería que el juez, previamente a dictar sentencia, una vez oídas las declaraciones pertinentes y firme la pericia, llamase al perito junto con el testigo –o con su declaración a la vista-, a las partes y a sus consultores técnicos –si los hubiere-, a una audiencia de prueba, para poder así aclarar las dudas que resultasen de la prueba producida y de esta forma, valorar la prueba en su conjunto, tratando de vincular y concordar armoniosamente sus distintos elementos de conformidad con las reglas impuestas por el art. 386 del ritual.
Además, los jueces tienen la obligación de dar explicaciones de sus decisiones al pueblo. Queremos destacar la importancia que se le debe prestar al lenguaje en la realización de los actos introductorios del proceso, y también en su desarrollo ulterior. Los abogados y los jueces, al igual que el resto de los mortales, se expresan a través de él. Por eso, naturalmente, las decisiones que adopten estarán limitadas o sujetas al uso que hacen de la lengua. El proceso se compone de una sucesión de actos transitados por los discursos de las partes que tienen que ser enunciados cumpliendo con determinadas formalidades. Éstas son las que posibilitan un debate en una situación de igualdad. En este esquema, la lingüística ayuda a comprender esas formas al mismo tiempo que posibilita, junto las distintas teorías argumentativas, un abordaje técnicamente más minucioso y crítico de los discursos y de la construcción de nuevos discursos (como por ejemplo la sentencia) acorde con el requerimiento de Justicia que formulan los ciudadanos cuando se presentan ante un juez.

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